Niños y perros. ¿Qué ejemplo queremos ser?

Los niños imitan todo lo que ven, lo que hacemos, como referentes suyos que somos. La forma en que tratamos un animal es la forma en que ellos aprenden a relacionarse con él.

¿Qué ocurre cuándo gritamos, pegamos o castigamos a un perro? Cuando nosotros, bien por desconocimiento o porque una situación en sí misma nos sobrepasa, gritamos o pegamos a nuestro perro el niño, entiende que es como se debe de actuar frente a algo que no nos gusta o bien algo a lo que no sabemos cómo enfrentarnos por lo que muy probablemente, ese niño, más tarde o más temprano reproduzca esa conducta y no sólo con su perro sino quizá con un perro de la calle o de  algún familiar, con otro niño, o porque no, con sus propios padres el día de mañana.

Nosotros somos el espejo en el que se miran nuestros hijos, para bien y para mal.

Es muy importante que enseñemos a nuestros hijos a ser respetuosos y educados, no sólo con las personas, sino también con los animales y más concretamente con los perros. Debemos enseñarles a comunicarse adecuadamente con ellos, a tratarlos con amabilidad, a no gritarlos, no pegarlos, no tirarlos del pelo, no darles tirones de correa y por supuesto a preguntar, siempre primero, al propietario de un perro desconocido antes de tocarlo.

Parece obvio todo lo que mencionamos, pero quizá para nosotros no es algo tan obvio cuando a diario vemos niños que se relacionan con perros de una forma poco amable, niños irrespetuosos y que aprovechan “su parcelita de poder” sobre su propio perro creyéndose con derecho a hacer con ellos cuanto quieren por el simple hecho de ser “suyo” o porque el perro es tan pequeño que no supone un peligro para el niño, y por tanto los padres permiten este tipo de conductas.

peros y niñosEn el caso de los bebés que nacen con perros es normal que a medida que el niño crece y comienza a realizar sus primeros gestos, comienza a andar y hablar, los perros sean su principal curiosidad, tan blanditos y peludos, ¿quién puede resistirse? Sin embargo, sus movimientos agitados y sin coordinación podrían asustar al perro. Al principio ni siquiera saben acariciarle sin enganchar su pelo y darle un tirón, por ello deberemos evitarlo y proteger al perro. Es obvio que el bebé de apenas 1 año no tiene ninguna intención de hacer daño al perro, pero aún es demasiado pequeño para hacerlo de forma correcta. Por ello deberemos enseñar poco a poco al niño a relacionarse con el perro, a acariciarlo con cuidado y a pedirle permiso antes de tocarle. No deberemos regañar al niño ni presionar la situación, simplemente enseñarle lo que sí puede y lo que no puede hacer, poco a poco irá comprendiendo como debe comunicarse con él.

La base de la amistad está en el respeto y la comunicación.

Al mismo tiempo debemos recalcar que un perro no es un juguete para nuestros hijos, por ello nunca deberemos adquirir un perro por satisfacer su capricho, deberá ser una decisión consensuada en familia en la que todos los integrantes formen parte y se responsabilicen de las atenciones del cánido. Los niños podrán ir asumiendo poco a poco responsabilidades en función de su edad y madurez, darle de comer, ponerle agua, cepillarle o sacarle de paseo son algunas de las tareas que podemos encomendarle. Además, deberemos elegir un perro acorde a nuestro ritmo de vida, plantear coger un cachorro y que pase 10h al día solo no será una buena opción ya que las conductas propias de un cachorro, si no tenemos experiencia y tampoco tiempo para dedicarle, podrían hacer que tomemos la decisión de abandonarle, y ¿Qué estarán aprendiendo nuestros hijos? Quizá en un futuro sufras las mismas consecuencias, cuando ya supongas un estorbo para su cómoda vida.

Igual que debemos enseñar a los niños a respetar a las personas, debemos educarles en el respeto hacia la naturaleza y los animales.

Por último, también debemos insistir en la importancia de no utilizar a los perros para infundir miedo a los niños, sino para educarles. Expresiones como “Comete todo o pórtate bien que si no te va a morder el perro” las escuchamos bastante a menudo en boca de algunos padres. Podemos por el contrario utilizar a los perros para educarles, “sabes que al perro no le gusta que corras por la casa, tienes que andar despacio” “al perro le pone nervioso que grites, debes hablar en un tono  bajo” eran las expresiones que nosotros hace años utilizábamos, bueno y utilizamos, cuando nuestro sobrino viene a casa, es tanto como le quedó grabado que apenas después de algunas repeticiones él mismo incluso sin correr ya nos decía “no se puede correr que a Chula no le gusta y ladra” y era para nosotros todo un orgullo ver como para él mismo era auto gratificante controlarse ante ellos satisfaciendo a nosotros, sus tíos, y nuestros perros, sus primos y amigos a los que tanto adora.

Por ello os invitamos a reflexionar, a tomar la decisión correcta y a ser un buen referente para tu hijo y para tu perro.

 

Thais Ortiz

Aprendiz de perro

 

 

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