Historias Perrunas: El destino de cruzarse con Lana

Nos encantan los sábados y es que con cada uno de ellos llega una nueva historia perruna capaz de despertarnos grandes emociones. Aquí Alicia y Jose nos cuentan como se cruzó Lana en sus vidas para cambiarlas para siempre, una historia realmente conmovedora que llena de esperanza a todos aquellos que son hoy los que intentan rescatar un perro abandonado y con miedo.

historias perrunasEste mes hará dos años que Lana llegó a nuestras vidas y para celebrarlo me gustaría contar su historia, en la que además están indirectamente implicados Rubén y Thais, pues la conocimos en una de las salidas perrunas que organiza De Perro a Perro, en las que nos encanta participar pues nuestras peludas disfrutan de libertad, compañía de otros perros y de la naturaleza. Acudíamos pues, a una de estas quedadas en Valsaín, cerca de Segovia,  cuando al pasar una curva, junto a una fuente vimos a un perrito pequeño, estaba demasiado cerca de la carretera y eso nos preocupó, pero había un coche cerca y pensamos que alguien había parado con su perro a beber agua. Horas más tarde, tras la excursión, cansados y contentos, volvíamos a casa y al pasar por la fuente miré instintivamente, para mi disgusto el perrito seguía allí. Estaba solo. Con el corazón encogido seguimos hacia casa, dimos de comer a nuestras perras, cogimos comida, arnés y correa y volvimos en su busca. Desgraciadamente al acercarnos vimos que sería misión imposible pues estaba aterrorizado y con el rabito metido entre las patas completamente pegado a la tripita. Se trataba de una perrita. Le tentamos con comida pero su miedo era más fuerte. Salía continuamente a la carretera, oíamos a los coches frenar, pitar. Nos temimos lo peor, así que contactamos con la protectora para solicitar que nos dejaran una jaula-trampa, a lo que se prestaron amablemente.

Al día siguiente volvimos al lugar con la preocupación de si estaría aún viva y la esperanza de que entrara en la jaula y poder salvarla. Pusimos comida rica dentro pero fue en vano, era domingo y había demasiado tráfico y gente que paraba con la buena intención de ayudar y darle comida, pero su miedo no le permitía acercarse. Todo lo contrario, se alejaba por la carretera y hacía frenar a coches y autobuses que pitaban y le asustaban aún más. Los agentes forestales nos permitían tener la jaula durante el día pero debíamos recogerla por la noche al irnos, de modo que ya de noche nos fuimos cansados y desesperanzados. Volvimos al día siguiente, de nuevo preocupados por su vida. Cuando la vimos nos prometimos que ese sería el gran día. Una buena ración de carne olorosa en la jaula y nosotros dentro del coche para no asustarla. Se acercaba, se alejaba, al poco volvía a venir y cuando creíamos que iba a entrar se volvía a marchar. Así pasaron horas de incertidumbre, hasta que por fin, una de las veces entró y la puerta de la jaula se cerró con ella dentro.

Salimos del coche y nos acercamos despacio para no asustarla más. Nos  encontramos con una perrita muy joven, casi cachorra, de unos ocho kilitos y una mirada de miedo y de súplica: “por favor, no me hagáis daño”. Cuando llegamos a casa le dimos un baño que dejara atrás su suciedad y su abandono. Pobre, no quiso comer nada. La envolví en una mantita y la dejé acurrucada encima de una cama. Cuando volví a verla por la mañana seguía en la misma postura, el angelito. Tardó dos días en querer comer, y aunque se veía con miedo, mostraba mucha alegría de vernos y de ver a nuestras perritas. Ya estaba mejor. Le prometimos la mejor de las familias. Una que la quisiera para siempre y supiera apreciar la ternura de su mirada, su bondad, su alegría, que refugiase su miedo para siempre.

Buscamos una familia con ayuda de la protectora y cuando hubo posibles adoptantes, José, mi pareja, mi compañero, me dijo que su familia éramos nosotros, que se había enamorado de su ternura y de su inocencia y que no podía despedirse de ella. Agradecimos a la protectora su ayuda y su gestión y como homenaje a la chica que la lleva, que se llama Ana, le pusimos de nombre Lana. Desde entonces podemos decir que compartimos nuestras vidas con un ángel que nos hace muy felices. Gracias, Lanita, por llegar a nosotros. Te queremos.”

Queremos seguir contando “Historias  Perrunas”, cuéntanos la vuestra escribiéndonos un mail a info@deperroaperro.es y ni se te olvide adjuntar una foto. Sábados llenos de magia.

Hasta la próxima perriamig@s

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