Historia perruna con moraleja.

Hoy os traigo una pequeña historia,que leí hace tiempo. Os hago un resumen de ella, para que saquéis vuestras conclusiones y veáis la moraleja de la historia.

Todavía recuerdo con nostalgia aquellos primeros días de mi llegada al hogar, a aquel recinto de seguridad, cariño y… ¡comida!

Mi vida anterior no fue muy buena: me separaron muy pronto de mi madre y mis hermanos… por circunstancias que aun desconozco, me vi en un sitio rodeado de más amigos, todos ellos en jaulas, algunos ladrando, otros escondidos en un rincón de la jaula.

Por suerte para mí todo eso cambio, encontré un hogar definitivo. Pude descubrir todo lo que se interponía en mi húmeda nariz. En ese afán por descubrir todo, escuche algún que otro grito cuando mis dientes descubrían algún objeto nuevo.

moraleja perruna

Lo que más echo de menos, son aquellos días entre cojines mullidos, siempre cerca de mis dueños, los cuales se sentaban a ver un aparato, en el cual pasaban las horas sin quitarle ojo.

Según iba creciendo, mi cuerpo empezó a tomar un tamaño considerable, con la complicación del espacio: había empujones, gritos y algún que otro tirón de la oreja para que bajara.

Un día mi compañero humano, se sentó en el sofá para ver ese aparato, que a mi opinión era bastante aburrido, pero en fin, todo por estar cerca de él.

Mi compañero humano, al estar en el lado que él ocupaba, empezó a gritar, sin yo entenderlo; posteriormente me agarro del cuello y me bajo de forma brusca.

En ese momento, sentí un dolor, con el que me interior me hizo responder con un gruñido y marcando mis dientes en su brazo (no se como ocurrió, paso todo tan rápido), mi compañero humano corría gritando detrás mía gritándome.

Tras ese incidente, que recalco no se como ocurrió,  dejaron de permitirme subir a mis lugares de descanso, cuando me quedaba solo, dejaban todo tipo de cosas para que no subiera.

En este momento dispongo de una cama, en la cual descanso, y juego con mis juguetes, pero echo de menos esos momentos de descanso junto a mi compañeros humanos.

La moraleja de esta historia, en mi opinión, es que en muchas ocasiones somos los humanos los que generamos los problemas pudiendo anticiparnos a ellos.

P.D. Con esto, no quiero decir que los perros no suban al sofá, pero con un orden para evitar problemas.

Rubén Manzano Díaz

Educador canino y técnico en TAA

Fuentes: Mi Perro y yo.

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